Plaza Real de Pontedeume

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Basta detenerse un momento en la plaza Real de Pontedeume para apreciar su encanto. Las terrazas, las conversaciones y la presencia del ayuntamiento componen una escena cotidiana que lleva siglos renovándose. Aquí se ha comerciado, se ha gobernado y se han celebrado encuentros. También han cambiado los nombres y las piedras, aunque el lugar conserve su vocación de reunir a la gente.

Su origen se remonta a 1270, cuando Alfonso X el Sabio fundó la villa de Pontedeume. La plaza formaba parte de aquel primer núcleo urbano, pero no nació con el aspecto que conocemos. Fue creciendo y transformándose con la población. No se conoce un arquitecto ni un constructor al que atribuir su creación: el rey impulsó la fundación de la villa y sus habitantes fueron dando forma al espacio a lo largo del tiempo.

El comercio estuvo presente desde el comienzo. El privilegio fundacional autorizaba un mercado mensual y garantizaba protección a quienes acudiesen a él. En torno a esa actividad, la plaza se convirtió en lugar de encuentro y de asuntos públicos. Comprar, vender, conversar y acercarse al gobierno de la villa eran motivos suficientes para pasar por ella.

Con los años, el espacio quedó pequeño. En 1617, el procurador general pidió su ampliación: había que acomodar doce mercados y doce ferias anuales, además de una feria franca durante diciembre que atraía a mercaderes de Galicia, Portugal y Castilla. Para ganar terreno se aprovechó el solar de una casa de Juan López de Ameneiro, arruinada por el incendio que había asolado la villa. Aquella ampliación tuvo una razón muy práctica: hacía falta sitio para tanta actividad.

El ayuntamiento lleva ligado a este lugar desde sus primeros tiempos. Turismo de Galicia sitúa la existencia de una casa municipal en la fundación de 1270, aunque el edificio actual es fruto de varias reconstrucciones. El gran incendio de 1607 destruyó la construcción primitiva, que fue reedificada en 1609. De comienzos del siglo XVII procede la configuración de su fachada.

Hay un detalle que sorprende a muchos visitantes: en 1974, durante la alcaldía de Celestino Sardiña, la fachada se desmontó y volvió a levantarse utilizando sus mismas piedras, mientras se renovaba el interior. Su imagen histórica sobrevivió así a una profunda transformación del edificio.

Conviene levantar la mirada hacia el escudo de Fernando Ruiz de Castro, casado con Teresa de Andrade. Sus emblemas recuerdan las alianzas familiares y el poder de los grandes linajes del siglo XVI. La propia piedra conoció los vaivenes políticos: el escudo fue picado en 1820 y restaurado en 1823. Una pequeña historia visible en la fachada, que invita a mirar el ayuntamiento con más atención.

Plaza Real de Pontedeume

La plaza también guarda su pasado en los nombres. En 1617 aparece como Principal o Mayor, por su importancia en la villa. Fue plaza del Rollo, en referencia a la columna que simbolizaba la jurisdicción y podía servir de picota, y plaza del Consistorio, por albergar la casa municipal.

En la segunda mitad del siglo XVIII comenzó a llamarse Real, tomando el nombre de la calle. Las denominaciones convivieron: un plano de 1869 todavía la identifica como del Consistorio y otro de 1872 como plaza de la Constitución, nombre vinculado al Sexenio Revolucionario que continuó utilizándose después. «Real», por tanto, no indica que un monarca residiese aquí.

El 3 de julio de 1937 se aprobó llamarla plaza de Calvo Sotelo, en recuerdo del político nacido en Tui y asesinado el año anterior. Ministro de Hacienda durante la dictadura de Primo de Rivera y figura de la derecha monárquica, su relación documentada con la plaza es conmemorativa. El 14 de julio de 1989 se acordó recuperar el nombre de Praza Real, que mantiene hoy.

Además de Alfonso X, otro personaje ayuda a comprender su historia: Fernán Pérez de Andrade, o Bo. En 1371, Enrique II le concedió la jurisdicción de Pontedeume y Ferrol, iniciando una larga etapa señorial. Su vínculo con este espacio procede del gobierno de la villa; no se le debe atribuir la construcción de la plaza.

La memoria eumesa tiene también sus guardianes. Antonio Couceiro Freijomil, autor de la Historia de Pontedeume, publicada en 1944, contribuyó a conservarla. La calle que lleva su nombre une la plaza Real con la plaza del Conde, dos lugares próximos pero distintos, que merecen recorrerse sin prisa. Y los estudios de Carlos de Castro Álvarez, publicados en la revista Cátedra, permiten seguir los cambios de nombre de la plaza y descubrir lo que cuentan sobre cada época.

La vida compartida adquiere aquí un carácter especial durante la Semana Santa. En la plaza se celebra el Encuentro del Viernes Santo, con las imágenes de San Juan, la Verónica, Cristo y la Virgen de los Dolores. La predicación desde el balcón del ayuntamiento hace que la casa consistorial forme parte de una de las tradiciones más arraigadas de Pontedeume.

El resto del año, las terrazas y el ir y venir de vecinos y visitantes mantienen su ambiente cercano. Los sábados, el Feirón anima las calles del entorno y prolonga esa relación entre comercio y encuentro que acompaña a la villa desde sus orígenes.

La plaza Real se descubre mejor haciendo una pausa. Mirando el escudo, siguiendo las fachadas, tomando algo o entrando en las calles que nacen a su alrededor. Saber lo que ocurrió aquí añade profundidad a una escena sencilla: la de un pueblo que, después de más de siete siglos, sigue encontrándose en su plaza.

O BUS MÁXICO
Eduardo Artabria


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